FURTIVOS IV/ Estampa 2017

  21 de septiembre - 24 de septiembre



Siempre se ha dicho que los juicios de valor demandan del asentamiento del tiempo y de la distancia para acreditar, de alguna manera, su perspectiva crítica. Pasado unos días de que se decretase el cierre oficial de ESTAMPA, puedo asegurar que la mejor pieza de esta edición de la feria -con largueza- ha sido la instalación “welcome”, del artista Boyer Tresaco, representado por la galería Theredoom que dirige Andrea Piedralzarl. Y lo ha sido, precisamente, por aquellas mismas razones que tanto se le señaló como deficiencias (y que aun recibo, en formato de quejas vacía, por parte amigos que prefieren el ámbito privado), me refiero a su irrefutable EVIDENCIA ¿Acaso el arte contemporáneo rebaja la autoridad de su voz o la eficacia de su discurso porque los índices de discusión de una obra resulten evidentes respecto de la trama social que los alimenta y estimula? Llegar a semejante conclusión resulta, cuanto menos, un disparate que evidencia la miopía en el análisis y el reduccionismo en las consideraciones culturales y los sesgos socio-antropológica que modulan la producción artefactual. “La evidencia” de esta pieza no hace sino subrayar su propia dimensión simbólica en la medida en que, lejos de oponer, en el contexto de un juego lingüístico chato, REALIDAD y METÁFORA, restituye el carácter reporteril de la obra de arte poniendo en bancarrota la torpeza anoréxica de los medios de comunicación y su falta de perspectiva y de compromiso. La pieza desbanca la función (no)comunicativa de los medios y asume el rol de relatora de esa evidencia social que todos conocen pero que muchos, por no decir la mayoría, prefieren ignorar. Además, existe un detalle que seguramente paso por alto al entendimiento de los que miran y no ven. La valla, línea limítrofe y fronteriza que no permite el acceso, se mostró, enfatizando la condición dual y polisémica del objeto, en dos direcciones: lo mismo era una invitación que un rechazo, o, en todos los casos, una invitación a la parálisis que se manifiesta allende del otro. Frente a un contexto en el que se ponderó la existencia de obras [re]gustosas del corte y pega; las que abdican en la (de)sacralización más ramplona y pueril; o las que juegan a ser políticas desde la convalecencia de un pensamiento avisado que las soporte y de curso, la pieza de Boyer Tresaco, resonó, como ninguna otra, en ese contexto de casita de muñeca.
No es de extrañar, luego decimos que los coleccionistas, son analfabetos y hormonales, que esta pieza sea hoy el objeto de discusión entre dos grandes colecciones (una de Madrid; la otra de Barcelona) para hacerse con el privilegio de poseerla. El arte que no provoca, la propuesta que no interpela, el discurso que no hiere, la superficie que no señala, es, con mucho, material susceptible a la papelera de reciclaje.




                                                                                                    Andrés   Isaac Santana